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VictorHugo
05-may-2008, 18:55
ALGO AHÍ AFUERA (pesadilla)*

* Alucinación fracturada hace algunos años –en el 2001, exactamente- la cual he encontrado recientemente entre viejos papeles y he modificado con algunos toques lovecraftianos (y un pequeño homenaje oculto ;D).

¿Cuánto tiempo llevábamos encerrados?
Lo mismo podían ser cinco días que quince. O veinte. Yo ya había perdido la cuenta. Desde aquella mañana velada por la neblina en que el miedo nos obligó a refugiarnos en la casa todo me resultaba tan irreal como un sueño. El constante y silencioso latido de la sangre galopándome en los oídos, la figura borrosa de Lena parada en el quicio de la puerta, observándome con ojos sombríos, perturbados, temblando de pies a cabeza, la muerte absurda -como lo son todas las muertes- de Mars, y la cercanía ineludible de una atrocidad sin nombre, acechante en el exterior, detrás de las paredes de la casa que apenas otorgaban una ilusión de resguardo inexistente.

Desde entonces fui víctima de pensamientos turbulentos y feroces fuerzas inmateriales. Como si las brumosas imágenes de mis pesadillas más espeluznantes quisieran ascender a la realidad empírica de mi conciencia, elevándose con siniestro aleteo de murciélagos.

El tiempo se había detenido en una eternidad bostezante. No había días o noches en la vida intra-muros. Sólo revoque, cielo raso y una espera sin cambios ni esperanza. Casi no hablábamos. Racionábamos las palabras con el mismo sentido de austeridad con el que sobrellevábamos aquella prisión involuntaria, necesaria. Solo nos unía la comunión de un terror compartido. La expectativa de la muerte -cercana, inevitable- había deteriorado nuestro carácter hasta reducirnos a meros fantasmas que parecían habitar cuerpos extraños, perdidos en ese reducido mundo de encierro.

Cada tanto, oíamos el rumor lejano de las Voces. Aquellas voces cuyo sonido discordante no podía ser atribuido a ningún ser conocido de este mundo. Voces ultraterrenas que articulaban aberraciones ininteligibles como una hipnótica invocación de cultos ominosos. Su volumen subía y bajaba caprichosamente. Iban y venían como un viento inconstante. Y luego, percibíamos el movimiento de “algo” deslizándose afuera sobre las hojas secas, una presencia abominable rodeando la casa como un animal feroz que examina a su presa desde varios ángulos antes de dar el zarpazo final.

En esos momentos, un horror indecible se apoderaba de mi ya mortificada existencia.

¿Qué había pasado ahí afuera? ¿Estarían todos muertos? ¿Finalmente, como lo habían profetizado los oráculos seculares, había llegado el Apocalipsis? ¿O solo nosotros éramos víctimas de aquella monstruosidad desconocida?

—¿Tú que piensas realmente?— me había preguntado Lena en cierto momento, una vez recobrada la conciencia después del espanto inicial.

—¿Qué pienso sobre qué?— respondí yo más bien secamente.

—Sobre lo que nos espera.

—¿De verdad quieres saberlo?

—Sí.

—Ya estamos muertos.

“Estábamos muertos”. Sin embargo, todavía respirábamos y nos movíamos. Pero eso sólo se debía a la pereza de la muerte, que no tardaría en saciar se apetito antropófago con nuestras trémulas vidas. Cualquier cosa que hiciéramos era inútil. Parecía que todo ya estaba decidido desde siempre. La espera, el miedo, la muerte de Mars...

—No lo soporto más –había dicho parándose decididamente frente a la puerta– Voy a salir.

Ninguno de nosotros dos lo detuvo. Daba igual, después de todo. En su mano derecha brillaba el acero bruñido de un revólver calibre 22 que habíamos encontrado en una de las habitaciones.

—¿Qué vas a hacer con él?

—Voy a usarlo –dijo. Y salió.

Mars salió cerrando la puerta tras de sí y nosotros nos quedamos callados tratando de escuchar algo. Pero al no oír disparos ni gritos sino solo un silencio tenso como las cuerdas de un arpa, pensé que tal vez todo había terminado.

Mi cerebro no acababa de discurrir este pensamiento cuando Mars volvió a entrar a la casa. Su rostro había cambiado completamente, los signos del espanto estaban marcados en cada una de sus facciones. Pero lo más inquietante de todo era su mirada, una mirada totalmente extraviada. Su expresión de ausencia era francamente aterradora.
Mars se quedó parado junto a la puerta y permaneció así durante un lapso de instantes o siglos.

—¿Qué pasó, Mars? –preguntó Lena finalmente.

—Hay algo... –balbuceó como si le doliera la mandíbula– Algo ahí afuera...

Dicho esto caminó tres pasos hacia el centro de la sala. Pasos graves, lentos, definitivos. Al observar sus movimientos me pareció estar viendo a un cadáver astutamente animado por los hilos macabros de la muerte. “Algo ahí afuera” repitió Mars mientras se llevaba la pistola a la sien y apretaba suavemente el gatillo. El disparo sonó como un estampido en toda la casa, salpicando de sangre mi remera y el pómulo derecho de Lena, y el cuerpo de Mars se desplomó en el piso como un títere sin dueño.

Con el paso del acostumbramiento los despojos de Mars, despatarrados en un charco de sangre que ya comenzaba a secarse, pasó a formar parte del paisaje natural de la casa.

Hasta que las campanas de la muerte finalmente tañeron la hora del juicio.

Cuando Lena gritó yo estaba sentado atrás, solo, descansando en el sillón desvencijado del estudio, amparado en la oscuridad del rincón más alejado de la puerta. Soñaba con un paisaje agreste, con verdes llanuras onduladas que se extendían bajo un cielo de infinito azul claro, donde colgaban nubes gordas, esponjosas, y una brisa tenue acariciaba la tierra. El grito agudo de Lena me devolvió de un golpe a la realidad de la casa, al ambiente pesado y húmedo del estudio, a ese olor a encierro que flotaba en la penumbra verdosa como una nube insecticida.

Lena estaba parada en el quicio de la puerta, temblando de pies a cabeza y con esos ojos desencajados que yo ya había visto en Mars. Con los restos de juicio que le quedaban, Lena musitó algo de lo que solo comprendí la última palabra: “Sálvate...” En ese momento todo se apagó y la casa quedó literalmente envuelta en sombras. Lo último que pude ver fue cómo el cuerpo de Lena era arrastrado hacia afuera por una fuerza brutal e inhumana.

La oscuridad era profunda. Un sentido extratáctil me advirtió la presencia de algo cercano, oculto en el silencio casi tangible. Cuando un fugaz estallido de conciencia me permitió recapacitar sobre la situación, solo atiné a salir corriendo de la casa.
Atravesé la puerta y, una vez en el exterior, lo que vieron mis ojos entonces fue el espectáculo más horrible que haya visto un hombre. Extendiéndose por todo el terreno emergían desde la oscuridad criaturas deformes y repugnantes. Seres viscosos que se contorsionaban monstruosamente iluminados por el reflejo de una luna evanescente.

Retrocedí espantado y, a pesar del temor y el asco que me producían, observé detenidamente a un grupo de ellos y advertí con sorpresa una vaga pero inconfundible forma antropoide. Eran hombres, sin duda, o lo habían sido hace siglos o eras atrás. De hombres tenían la cabeza y el cuerpo, pero los rasgos humanos parecían haber desaparecido casi completamente. Sus cuerpos, cubiertos de llagas y de restos inmencionables -erosionados por eternidades tortuosas- eran ahora una carne mancillada y sangrienta. Todos ellos tenían cuencas vacías en lugar de ojos y emitían gruñidos cuyo solo sonido agredía toda razón.
Me encontraba en un estado de semiconsciencia, paralizado por las formas degeneradas del hombre más allá de la vida, contemplando cómo se retorcían convulsionados y la sola imagen amenazaba destruir el poco juicio que me quedaba. Cuando desde la profundidad de la tierra brotó aquello. Un aborto de la naturaleza. El monstruo era una especie de larva gigante, un gusano del tamaño de un vagón de ferrocarril. Su carne era gris y parecía roca dotada de vida. No tenía cabeza, ojos ni extremidades, pero en su parte anterior, sin embargo, se abría una enorme boca provista de dos filosas hileras de colmillos. El gusano arremetía contra los hombres-bestias y los devoraba con un placer ominoso. Los que quedaban en pie se disputaban los restos de sus semejantes que el gusano iba dejando a su paso.

La bestia se percató de mi presencia, porque en determinado momento se dirigió hacia donde me encontraba y se paró a pocos centímetros de mí. Por alguna especie de oscura intuición supe que el gusano no iba a engullirme. Por el contrario, abrió desmesuradamente sus fauces dejando al descubierto el interior de su execrable cuerpo, y en la oquedad de su garganta emergió algo: un enorme ojo amarillo facetado sobre un fondo de tinieblas. El Ojo, horadado por una negra pupila vertical como de reptil, se acercó hasta mí.

Durante un segundo infinito pude ver a través de ese Ojo y caí en un terror abismal. Antes de desvanecerme, mi cerebro fue víctima de revelaciones atroces e imágenes que pasaron, elusivas, a una velocidad vertiginosa, y que son irreproducibles por el lenguaje humano.
Cuando desperté, la bruma matinal ya cubría todo el bosque y no había rastros de las criaturas, aunque una extraña pestilencia rondaba en el aire.

Ahora que las imágenes pesadillescas se desvanecieron puedo reflexionar sobre los hechos y, recién entonces, comprendo la muerte de Mars y la desaparición de Lena. Comprendo también que todo lo que la mente humana percibe y que nosotros llamamos Mundo, no es más que un atisbo de las fuerzas anteriores al tiempo que se agitan en el universo retorciéndose como serpientes en inframundos apenas sospechados y que agazapados aguardan más allá de la muerte.

Todo esto lo puedo decir ahora que aquellas imágenes solo forman parte de la complejidad de mis recuerdos. Ahora que estoy cómodamente recostado en el lecho crujiente de mi tumba.

mariaelena
05-may-2008, 19:18
Debo, reconocer que luego de leer el primer cuento tuyo, he buscado otro tuyo...pero este es...escalofriante!!...por Dios un poquito de piedad a tus lectores...jaja..:p.
La primera parte da mas miedo, el comienzo es mas terrorifico que el final.

No se como me he atrevido a leer este texto..!! el terror no es lo mio.

muy bueno!!!-un abrazo,

Gades
05-may-2008, 23:53
Y digo yo... Si me suelo negar en redondo cuando mis amigos quieren ir a ver una peli de terror, ¿a santo de qué leo este relato?. Bueno en cuanto a lo de dar miedo. He devorado pipas mientras leía y casi me muerdo las uñas sin querer. La parte más floja en cuanto al terror, es el trocito en que describes los seres que hay afuera y al supergusano. La última frase es la guinda perfecta de esta tarta.
Me descubro ante vos

VictorHugo
06-may-2008, 16:59
Hola, mariaelena y Helena.

Desde ya, gracias por sus lecturas y comentarios. Como bien dijeron las dos y ya me habían comentado antes, la parte menos "terrorífica" (si es que hay alguna) es donde aparecen los monstruos y demás. También comentaron que el final levanta un poco con respecto a lo anterior. Me alegro.

Por otro lado, como dicen que el terror no es lo suyo, espero que lo piensen y le den una oportunidad a este género, ya que si han leído éste, es porque en el fondo algo les atrapa ¿no? :D

Nos leemos.

Vinuesa
10-may-2008, 16:49
Buen trabajo, Víctor. La ambientación del relato es lo que más me ha gustado, además de tu estilo de escritura, que es muy bueno. Al contrario de lo opinado por Mariaelena y Helena, para mí lo del gusano gigante ha estado sensacional.
Un placer leerte.

VictorHugo
12-may-2008, 23:08
Hola, Vinuesa.

Como digo siempre, el pacer es todo mío por acercarte a estas letras oscuras :D , y me alegro que te haya gustado ;); siempre es bueno saber que a otros les gusta lo que uno escribe.

Y ese gusano ¡era asqueroso! XD. Qué bueno que te haya gustado :D

Hasta pronto.

HugoPerrone

Zanbar
23-may-2008, 00:21
Te felicito por tu trabajo, provoca una sensación de malestar que acompaña durante todo el relato (que conste que soy aficionado al género de terror, y conmigo ganas puntos).

Aspectos mejorables:

- los de siempre; tildes (aunque solo los "solo"), y sobre todo comas y otros signos de puntuación.

- demasiadas comparaciones del tipo "como"; sobre todo, hay un párrafo en el que encadenas una detrás de otra, y una cosa es crear una imagen vívida o enriquecer el texto, y otra recargarlo con juegos visuales que desenfocan la escena de terror.

- Hay algunos adverbios acabados en -mente y ciertas frases que entorpecen la lectura; voy a ejemplificar algunas:
* "-como la muerte misma-"; ¿de verdad es necesaria esa apostilla?
* ¿"eternidad bostezante"?; no solo suena fatal, sino que además destrozas la sensación, si es una eternidad y se está sufriendo, no puede ser aburrida; has elegido mal el adjetivo, o incluso podías haberte ahorrado poner ahí adjetivo.
* ¿"paso del acostumbramiento"?; se puede mejorar, oye...

Hay más cosas, pero no son tan importantes.

La impresión inicial es quizá mejor que la final con este relato. A mí es que estos formatos se me hacen muy breves, y al final al texto o le falta algo o le sobra, porque las conversaciones entre los personajes no aportan casi nada, por poner un ejemplo, y el final es un tanto confuso.

También he detectado un aire en este texto a Michael Moorcock, aunque quizá sea casualidad.

Eso sí, está bien organizado, crea varias imágenes interesantes y mantiene una sensación hasta el final, aunque se dispersa un poco.

Todas estas pegas que te he puesto en una lectura rápida ni se notan; el punto más débil del relato, en realidad, es su desenlace y la carencia de algo sólido a lo que aferrarse.

Un saludo (espero no haber sido cruel; el relato no está mal). ;)

VictorHugo
23-may-2008, 22:06
Hola, Zanbar.
Yo debo ser algo masoquista porque, la verdad, ¡me encanta que sean "crueles" con mis escritos y que les busquen puntos débiles! :D Mira, yo tengo la idea de que todo tipo de comentarios es aprovechable, ya que todos, en algún punto, aportan una mirada distinta, quizás más objetiva sobre el relato del que uno está hasta las narices. Dicho este preámbulo, agradezco sinceramente tu lectura (al menos no te ha dejado indiferente, lo cual ya es mucho). Y si encima te ha provocado una sensación de malestar, qué más puedo pedir :)
En cuanto a las puntuaciones y tildes, son detalles que se me habrán escapado. Gracias por señalarlos ;) El uso de adjetivos y adverbios (para algunos excesivos) creo que a esta altura ya forman parte de mi estilo y no pienso modificarlo. Prefiero ser redundante y, como me dijeron hace poco, pomposo, antes que tener una prosa límpida -perfecta- pero insulsa. Son gustos, nada más.
El escritor que mencionas, Moorcock, no tengo el gusto de conocerlo, pero ya me picas a buscar algo de él xDD.
Bueno, Zanbar, otra vez gracias por tu comentario. Y espero que si vuelves a leer otro de mis cuentos, sea igual de cruel y ¡no le tengas piedad! :D
Saludos ;D

Zanbar
24-may-2008, 10:01
VictorHugo, cada escritor es libre de defender su estilo pese a la ortodoxia y a las críticas; pero cada decisión conlleva una consecuencia. Debes ser consciente de que abusar, por ejemplo, de las comparaciones "como" puede desviar la atención del lector y perder parte del efecto terrorífico buscado. A mí me ha pasado en algún párrafo. Estas comparaciones, muy recomendables la mayor parte del tiempo, deben usarse con cuidado, y asegurarse de que el público las va a entender y refuerzan el efecto visual o sensorial buscado.

Moorcock es un escritor de fantasía oscura (Elric y su espada Stormbringer, por ejemplo); utiliza seres del averno muy semejantes a tu gusano, jejeje. Eso sí, él es mucho más austero, no adjetiva tanto.

Yo suelo leer textos de la gente al azar; me gustaría tener más tiempo para hacer críticas feroces..., que digaaa... constructivas; pero encantado de haberte servido de ayuda ;)

VictorHugo
27-may-2008, 21:36
El placer fue todo mío, Zanbar. Y gracias por la crítica fer... digo, constructiva :D
Un abrazo ;)