Vinuesa
12-abr-2008, 19:45
Saludos, amigos. A ver que os parece esta idea en mente sobre una historia (os pongo un fragmento aislado)
Cómo olvidar la sensación que le invadió. A pesar de su corta edad, algo en él despertó muy dentro, allá donde nuestro consciente no se atreve a mirar, temeroso de enloquecer.
Recordaba la oscuridad truncada por figuras indefinidas en el cielo estrellado, como una aurora boreal surrealista. Un fino polvo caía de ellas y cubría el suelo montañoso, dibujando surcos y estelas de música que brillaban con luz propia.
La espesa manta de polvo depositado comenzó a tomar forma entre los árboles. Se elevaba con lentitud, pero de un modo constante, y siguiendo el ritmo marcado por la extraña melodía. La imagen que el niño tenía ante sí adquiría tintes de belleza cegadora, a la vez que aterradora por la incomprensión que suscitaba. Aquel entorno extraído de un sueño quedaría grabado en lo más profundo de sus recuerdos.
Por razones ocultas, imágenes de grandes desastres le invadieron, visiones de tormento propio y ajeno, cataclismos venideros, el Universo convulso. Lloró por tanta muerte y gritó hasta quedarse sin voz. Su alma pugnaba por abandonar la carne, subir con el grito hacia las estrellas. La naturaleza devolvió el eco del llanto y chilló junto a él.
En aquel momento, arrodillado bajo la bóveda eterna, suplicó a los creadores de semejante belleza que le dieran fuerzas para soportar tan aciago destino.
Antes de que la música cesara, un repentino optimismo secó la amargura. Quizá los creadores oyeron sus súplicas. Embriagado por sentimientos ignotos, contempló sonriendo como se disipaba el polvo multicolor, arrastrado por el viento de las montañas, y se perdía con la melodía en el firmamento.
- Papá –dijo Javi, sacando a su padre del ensimismamiento en el que estaba envuelto.
- Dime, hijo.
- ¿Recuerdas la tranquilidad que había?
Calma, como aquella noche. Algo de ella quedó impregnada. Incluso, al contemplar las tinieblas desde su ventana, creía percibir el mismo brillo magnético, luz extraterrestre en la corteza de los árboles.
El silencio de su padre le remontó al día siguiente de escuchar.
Cómo olvidar la sensación que le invadió. A pesar de su corta edad, algo en él despertó muy dentro, allá donde nuestro consciente no se atreve a mirar, temeroso de enloquecer.
Recordaba la oscuridad truncada por figuras indefinidas en el cielo estrellado, como una aurora boreal surrealista. Un fino polvo caía de ellas y cubría el suelo montañoso, dibujando surcos y estelas de música que brillaban con luz propia.
La espesa manta de polvo depositado comenzó a tomar forma entre los árboles. Se elevaba con lentitud, pero de un modo constante, y siguiendo el ritmo marcado por la extraña melodía. La imagen que el niño tenía ante sí adquiría tintes de belleza cegadora, a la vez que aterradora por la incomprensión que suscitaba. Aquel entorno extraído de un sueño quedaría grabado en lo más profundo de sus recuerdos.
Por razones ocultas, imágenes de grandes desastres le invadieron, visiones de tormento propio y ajeno, cataclismos venideros, el Universo convulso. Lloró por tanta muerte y gritó hasta quedarse sin voz. Su alma pugnaba por abandonar la carne, subir con el grito hacia las estrellas. La naturaleza devolvió el eco del llanto y chilló junto a él.
En aquel momento, arrodillado bajo la bóveda eterna, suplicó a los creadores de semejante belleza que le dieran fuerzas para soportar tan aciago destino.
Antes de que la música cesara, un repentino optimismo secó la amargura. Quizá los creadores oyeron sus súplicas. Embriagado por sentimientos ignotos, contempló sonriendo como se disipaba el polvo multicolor, arrastrado por el viento de las montañas, y se perdía con la melodía en el firmamento.
- Papá –dijo Javi, sacando a su padre del ensimismamiento en el que estaba envuelto.
- Dime, hijo.
- ¿Recuerdas la tranquilidad que había?
Calma, como aquella noche. Algo de ella quedó impregnada. Incluso, al contemplar las tinieblas desde su ventana, creía percibir el mismo brillo magnético, luz extraterrestre en la corteza de los árboles.
El silencio de su padre le remontó al día siguiente de escuchar.