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Ver la Versión Completa : El gran sueño de Martin Luther King


Alois Boerges
05-abr-2008, 03:09
A 40 años del asesinato de Martin Luther King

http://img80.imageshack.us/img80/4541/martinlutherkingjk8.jpg (http://imageshack.us)


Pedro Rodríguez Rojas

"Tengo un sueño, que mis cuatro pequeños hijos vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter.(...)
"Tengo un sueño, que un día en las rojas colinas de Georgia, hijos de antiguos esclavos e hijos de antiguos dueños de esclavos podrán sentarse juntos en la mesa de la hermandad". (Fragmento del discurso "Tengo un sueño", pronunciado el 28 de agosto de 1963).
La década de los 60 ha sido sin la menor duda una de las décadas de mayor movilidad en el escenario político, social y cultural mundial: los movimientos independentistas en África y Asia, La Guerra de Vietnam, el Tercer mundismo, los movimientos guerrilleros, la muerte del presidente norteamericano, la revolución cultural China, el Mayo Francés, la Revolución de Terciopelo de Checoslovaquia, los Hippies, los Gays, figuras como el Che Guevara, Fidel Castro, Kennedy, Ho Chi Min, Mao, Nasser, entre otros, fueron representación clara de un desequilibrio mundial, una década de cuestionamientos, años de rebeldía mundial.
El período que comienza al terminar la segunda guerra mundial hasta finales de los años 60, Fueron paradójicamente los de mayor auge en las economías mundiales: reconstrucción de Europa, surgimiento de Japón, el triunfo de los planes quinquenales de la URSS, el modelo de sustitución de exportaciones en los países subdesarrollados y fundamentalmente el gran avance de la economía norteamericana, la gran beneficiada en la segunda guerra mundial. Sin embargo, todo este auge no beneficiaba a todo el mundo, aún muchos países en África y Asia vivían bajo condición colonial, los modos de vida eran aún los de sociedades semifeudales – precapitalistas, pero esto no era muy distinto en el seno de los países desarrollados, ya que una importante parte de su población no se había beneficiado de este "boom económico", el autoritarismo y la represión eran parte esencial del modelo político. La intolerancia a nivel internacional, el irrespeto a la autodeterminación de los pueblos, los daños producidos al ambiente por el industrialismo, son sólo algunas de estas paradojas tan comunes en nuestro mundo moderno.
De esta situación no escapó el problema racial, a pesar de los avances de la autodenominada "democracia más grande del mundo" lo cierto es que los negros, una cuarta parte de la población total de los EEUU., estaban en condiciones de hombres de segunda clase. En algunos Estados de la Unión, unos más que otros, existían leyes claras de discriminación racial que impedían al negro asistir a la misma escuela de los blancos, a los clubes, a la iglesia, ir sentados en los autobuses, entre otros. Si bien ya existían algunas organizaciones pro derechos civiles de los negros eran aun débiles y por el contrario si eran muy fuertes los movimientos racistas de los blancos tanto en el escenario público – legal como en la oscuridad y la clandestinidad, tal es el caso Ku klux klan. En este contexto surge la figura de Martin Luther King, quien desde 1955 hasta su muerte en 1968, dedicó su vida a la lucha pacífica por la igualdad racial.
Martin Luther King, había nacido el 15 de Enero de 1929, en el sureño estado de Atlanta, hijo de una maestra de escuela y del pastor Martin Luther, con apenas 15 años entra a la universidad donde llega ser electo el primer representante estudiantil negro, en 1948 recibe el título de sociólogo, en 1953 se casa con Coretta Scott quien prosiguio la lucha de su esposo y dirigió el centro Martin Luther King. En 1955 recibió el título de Derecho Teológico en la Universidad de Boston, siguiendo así los pasos de su padre a quien sustituye como pastor desde ese mismo año en la Iglesia de Dexter, Alabama. Allí comenzó su acción de protesta cívica, cuando en 1956 organizó un boicot contra el servicio de autobuses que obligaban a los negros a ceder el puesto a los blancos, debido a que esta injusta practica fue removida legalmente desde entonces sus acciones comenzaron a hacerse conocidas en todo el territorio de los Estados Unidos.
Siendo nombrado presidente de la Confederación de los Cristianos del Sur, se marchó a Atlanta donde organizaría multitudinarias manifestaciones pacíficas emulando a Ghandi, varias veces fue brutalmente golpeado junto a sus compañeros por la represión policial y otras más fue a prisión. Centenares de discursos y escritos fueron creando un ambiente de presión social y política en todo el país. Sin duda, la movilización de mayor arrastre social fue la ocurrida el 28 de Agosto de 1963, la marcha desde Birmingham (Alabama) hasta Washington, donde se concentraron más de 250.000 mil personas (no solamente negros) frente al Licoln Memorial Park. Allí pronunció uno de los discursos más hermosos y profundos en la historia de las luchas sociales: "Yo tengo un sueño", en el que plasma la plataforma ideológica de su movimiento, un mundo donde el color de la piel no sea lo determinante sino sus ideas y sentimientos. Todo esto en un escenario muy difícil ante el asesinato del presidente Kennedy.
Fue tanto el éxito de estas movilizaciones que en 1964 el Congreso Norteamericano aprobó el Acta de los Derechos Civiles, y en 1965 el Acta del Derecho al Voto en todos los Estados de la Unión Americana. En 1964 el reconocimiento a su lucha se hace internacional cuando es galardonado con el Premio Nobel de la Paz, y es que su lucha traspasa la barrera de lo social haciéndose solidario con las tragedias de los países pobres, no sólo aquellos donde predominaba el negro, sino en esos países como Vietnam, víctimas de la opresión imperial.
El 4 de Abril de 1968 cae asesinado en Memphis- Tennesee en manos del francotirador James Earl Ray. Nada se pudo saber sobre los posibles autores intelectuales del asesinato, sólo se dijo que se trataba de un fanático racista, pero lo cierto es que este hombre pudo huir a Canadá con pasaporte falso y luego a Europa, en Londres es detenido, más de dos meses después del asesinato. ¿Nadie lo apoyo?, es difícil creerlo, lo cierto es que durante varios días fue sacudido el país, lo que obligo al establecimiento del estado de sitio, los resultados unos 50 muertos, 3000 heridos, y miles de negocios destruidos, fueron las consecuencias inmediatas del suceso.
Martin Luther King, muere a los 39 años, una edad que parece estar ya prefijada para algunos grandes hombres que como él estuvieron dispuesto a darlo todo, incluyendo la vida, por un ideal, un proyecto: Zapata en México, Sandino en Nicaragua, el Che Guevara en Bolivia. Valdría preguntarse: ¿es que acaso además de sus ideales y la edad al morir no los identifica también haber sido víctimas de los mismos asesinos? La respuesta es clara. Pero lo cierto es que al igual que los zapatistas en Chiapas emulan al viejo luchador, así también ocurre con el frente sandinista y con los diversos frentes de luchas pacíficas o violentas en el resto del mundo. Los propios EEUU que se presentan como el mayor abanderado del liberalismo económico, de las democracias mundiales, de la globalización, en su interior presentan aun huellas irrefutables de violación a los derechos civiles, ya no sólo de los negros sino también de los inmigrantes, fundamentalmente latinoamericanos, en total un tercio de su población actual vive en condiciones de pobreza, se han profundizado los movimientos xenofóbicos, se aprobaron propuestas como la 187 que margina a los inmigrantes de la seguridad social. Todo esto ha creado un escenario de violencia que desde el estallido social de 1992 en Los Angeles, segunda ciudad en importancia, han sido constantes, la centena de iglesias negras quemadas entre 1996 y 1997, los intentos de separación en Texas y Georgia, la voladura del avión en 1996, que en principió se intento adjudicar a los terroristas árabes, son sólo algunas manifestaciones de esta realidad que no se puede ocultar.


EEUU recuerda el asesinato de Martin Luther King, en tiempos de Obama

WASHINGTON (AFP) — Estados Unidos conmemora este viernes 4 de abril el 40 aniversario del asesinato de Martin Luther King en tiempos en que la popularidad de Barack Obama, candidato negro a la Casa Blanca, revive el 'sueño' de los héroes de la lucha por los derechos civiles.
El 4 de abril de 1968, a los 39 años, el pastor Martin Luther King Jr era asesinado de un balazo en la cabeza en el balcón de un pequeño motel del centro de Memphis (Tennessee-sur), el Lorraine Motel. Nacido el 15 de enero de 1929, el Premio Nobel de la Paz tendría 79 años de vivir hoy.
El misterio del asesinato permanece tras la muerte, hace 10 años, de quien se declarara culpable del crimen, James Earl Ray, un ex convicto condenado a 99 años de prisión, quien reconoció haberlo hecho para luego clamar por su inocencia.
La teoría de un complot donde Ray no era más que el brazo armado ha sido evocado con frecuencia. Nadie se explica como un detenido fugado de una penitenciaria de Missouri habría planificado el asesinato por sí solo.
Quien luego se convirtiera en un mártir de la lucha por los derechos cívicos era ya un héroe carismático de la igualdad racial, desde el boicot de 1956 de los autobuses de Montgomery (Alabama, sur) a las grandes marchas no violentas, hasta su célebre discurso de agosto de 1963: 'Yo tengo un sueño'.
"Yo tengo un sueño... Un día cualquier negro de este país, cualquier hombre de color en el mundo entero será juzgado por su valor personal antes que por el color de su piel", sostuvo el reverendo King ante 250.000 personas en Washington.
La cuatro palabras "yo tengo un sueño", que rememoran uno de los discursos más recordados de la humanidad, se volvieron célebres desde entonces.
Unos cuarenta años más tarde, cuando el senador de Illinois, Barack Obama, en campaña por su nominación presidencial, abordó el problema siempre presente del racismo durante un discurso en Philadelphia (noreste), más de uno trazó un paralelismo con la elocuencia del pastor de Atlanta.
"Es el discurso más importante sobre el problema de la raza y sobre el destino de nuestro país desde el discurso 'yo tengo un sueño' de King", afirmó Chaka Fattah, representante negro de la Cámara de Representantes, al tiempo que varios colegas calificaron de histórico el discurso.
Según un sondeo difundido por la cadena de televisión CBS, más de dos tercios de los estadounidenses (69%) opinaron que Obama había dado cuenta en ese discurso del "bloqueo racial" en el país, la "cólera" de los negros y el "resentimiento" de los blancos, y había hablado correctamente sobre las relaciones entre las razas.
"Nunca fui tan ingenuo como para creer que una elección bastaría para hacer desaparecer nuestras divisiones raciales", dijo Obama.
"Sin embargo, tengo la firme convicción que es trabajando juntos que podremos ir más allá de las viejas heridas del racismo", añadió el candidato a la Casa Blanca.
Aunque un 52% de los estadounidenses saludan "la gran influencia" de Martin Luther King, el 39% de los negros consideran hoy que "el camino es aún largo" para llegar a la igualdad racial, según un sondeo realizado entre mil personas, por la Universidad de Ohio.
En todo el país, en ceremonias religiosas y en conferencias, se va a celebrar la memoria del apóstol de la no violencia, como en la Universidad Vanderbilt (Tennessee) que verá a la adalid de los derechos humanos y ex militante comunista, Angela Davis, de 64 años, exponer sobre el tema: 'No vivimos hoy el sueño del reverendo Martin Luther King'.



Tengo un sueño

Por Martin Luther King, Jr.



Discurso leído en las gradas del Lincoln Memorial durante la histórica Marcha sobre Washington:

Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país.
Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.
Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
Es obvio hoy en día, que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de "fondos insuficientes". Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de la oportunidad de este país. Por eso hemos venido a cobrar este cheque; el cheque que nos colmará de las riquezas de la libertad y de la seguridad de justicia.
También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad.
Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la decisión de los negros. Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad.
1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna a lo mismo de siempre. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia.
Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.
Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, "¿Cuándo quedarán satisfechos?"
Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que "la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente".
Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde en su búsqueda de la libertad, han sido golpeados por las tormentas de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.
Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza.
Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño "americano".
Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: "Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales".
Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.
Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.
Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.
Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.
Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, "Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te canto. Tierra de libertad donde mis antesecores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad". Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.
Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en Colorado! ¡Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California! Pero no sólo eso: ! ¡Que repique la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia! ¡Que repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de Misisipí! "De cada costado de la montaña, que repique la libertad".
Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: "¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!"
Washington, DC
28 de agosto de 1963