Ver la Versión Completa : Clásicos
Quiero abrir este nuevo hilo dedicado sólo a los clásicos que escriben en nuestra querida lengua. Iré poniendo un poema de nuestros mejores poetas, no creo que diariamente, pero si frecuentemente. Con esto quiero que leamos más a nuestros grandes autores, ¡tan olvidados!
Empiezo, como no podía ser de otra manera, con mi favorito: Don Francisco de Quevedo y Villegas. En este soneto nos habla de la brevedad de la vida.
Siginfícase de la propria brevedad de la vida,
sin pensar, y con padecer, salteada
de la muerte.
¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!
¡Poco antes, nada; y poco después, humo!
¡Y destino ambiciones, y presumo,
apenas punto al cerco que me cierra!
Breve combate de la importuna guerra,
en mi defensa, soy peligro sumo;
y mientras con mis armas me consumo,
menos me hospeda el cuerpo que me entierra.
Ya no es ayer; mañana no ha llegado;
hoy pasa, y es, y fue, con movimiento
que a la muerte me lleva despeñado.
Azadas son la hora y el momento
que, a jornal de mi pena y mi cuidado,
cavan en mi vivir mi monumento.
Bueno, parece que la idea de los clásicos no ha tenido mucha aceptación. La verdad es que lo bonito de esto es que la gente lo vaya viendo poco a poco y cuando menos te lo esperas ¡zas! empieza el personal a gustarle y a visitar esto.
El poema de hoy no podría ser otro, dado que he llamado y nadie ha respondido, que menos que poner este poema de Don Francisco, como no.
Salve.
Represéntase la brevedad de lo que se vive
y cuán nada parece de lo que se vivió.
¡Ah de la vida!" ... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni adónde,
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto
Otro día más. Y otro día en el cual este hilo ha estado tranquilito. Muuuuuuy tranquilito. Pero yo insisto. Observando la tranquilidad que reina en este mi querido hilo de poesía clásica, y lo solo que me encuentro en él, qué mejor que poner el siguiente poema de Fray Luis, en el cual utiliza el tópico retórico de Beatus ille.
Vida retirada
¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.
No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas y mortal cuidado?
¡Oh campo, oh monte, oh río!
¡Oh secreto seguro deleitoso!
roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de quien la sangre ensalza o el dinero.
Despiértenme las aves
con su cantar süave no aprendido,
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
quien al ajeno arbitrio está atenido.
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto.
Y como codiciosa
de ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.
Y luego sosegada
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.
El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruïdo,
que del oro y del cetro pone olvido.
Ténganse su tesoro
los que de un flaco leño se confían:
no es mío ver al lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.
La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna; al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.
A mí una pobrecilla
mesa, de amable paz bien abastada
me baste, y la vajilla
de fino oro labrada,
sea de quien la mar no teme airada.
Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
en sed insacïable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.
A la sombra tendido
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.
Vamos ahora con Garcilaso de la Vega. En este poema del Renacimiento trata el tópico Carpe Diem. disfrutarlo.
Saludos.
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre;
marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
Muy solo te hallo Aeneas. Deja que te traiga la compañía de una dama. No, no me refiero a mí misma, sino a una paisana mía: Santa Teresa de Jesús. Dejo acá tres estrofas muy conocidas de mi Santa
Aquesta divina unión,
del amor con que yo vivo,
hace a Dios ser mi cautivo,
y libre mi corazón;
mas causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no no muero.
¡Ay! ¡Qué larga es la vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel y estos hierros
en que el alma está metida!
Solo esperar la salida
me causa un dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
¡Ay! ¡Qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Y si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga;
quíteme Dios esta carga,
mas pesada que el acero,
que muero porque no muero.
Bienvenida, Helena, a este hilo de clásicos. Te respondo con un poeta que también trataba la poesía mística. Este es el comienzo de las "Canciones entre el alma y el esposo" de San Juan de la Cruz.
Esposa:
¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.
Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.
Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.
Salió mi Santa luchadora, quizá lo aprendió en su afición desde la infancia a la lectura de la vida de los santos y a las de caballerías. Esto es una muestra de cómo arengaba a las carmelitas.
Todos los que militais
debajo de esta bandera,
ya no durmáis, no durmáis,
pues que no hay paz en la tierra.
Si como capitán fuerte
quiso nuestro Dios morir,
comencémosle a seguir,
pues que le dimos la muerte.
¡Oh, qué venturosa suerte
se le siguió de esta guerra!
Ya no durmáis, no durmáis,
pues Dios falta de la tierra.
Con grande contentamiento
se ofrece a morir en cruz
por darnos a todos luz
con su grande sufrimiento.
¡Oh glorioso vencimiento!
¡Oh dichosa aquesta guerra!
Ya no durmáis, no durmáis,
que Dios falta de la tierra.
¡No haya ningún cobarde!
¡Aventuremos la vida!
Pues no hay quien mejor la guarde
que el que la da por perdida.
Pues Jesús es nuestra guia
y el premio de aquesta guerra,
ya no durmáis, no durmáis,
porque no hay paz en la tierra.
Ofrezcámonos de veras
a morir por Cristo todas,
y en las celestiales bodas
estaremos placenteras.
Sigamos estas banderas,
pues Cristo va en delantera.
No hay que temer, no durmáis,
pues que no hay paz en la tierra.
Una maravilla de poema! Llama a la guerra del misticismo jeje. Con estos poemas con razón antes había más gente de vida eclesiástica :D
Saludos.
Antonieta
08-abr-2008, 17:36
¿Qué tal Catulo?
Vivamos Lesbia mía, y amémonos.
Que los rumores de los viejos severos
nos tengan sin cuidado.
El sol puede salir y ponerse,
pero cuando acabe nuestra breve luz
dormiremos una noche sin fin.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
hay que perder la cuenta
para que no pueda el envidioso hechizarnos
si se conoce el total de nuestros besos.
LA traducción no es de las mejores.
Me emocionó lo de Catulo. En un primer momento esto lo hice para los clásicos españoles, lo que pasa es que no especifiqué. Pero visto lo visto sigamos con los clásicos de todas las lenguas y nacionalidades. Ya que la traducción igual se queda un poco floja, el siguiente epigrama lo pongo tal cual. Catulo:
Odi et amo. Quare id faciam fortasse requiris.
Nescio, sed fieri sentio, et excrucior.
buenavera
09-abr-2008, 09:10
Hola Aeneas:
He visto hoy por primera vez este tu post, y he disfrutado enormemente. Desde este momento queda anclado en mis favoritos, para acceder a él con la frecuencia que merece. Ruego por tanto de tu amabilidad, que no lo descuides, y sigas compartiendo con todos nosotros, tanta y tanta belleza.
Gracias también a Helena y Antonieta.
Agradecido.
pedro.
Muchas gracias por tu comentario Buenavera. Despues de unos días perdido por ahí vuelvo con fuerzas y con mi admirado Quevedo. En este poema el poeta nos dice cómo se acerca la muerte.
Conoce la diligencia con que se acerca la muerte,
y procura conocer también la conveniencia de su venida,
y aprovecharse de ese conocimiento
Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día;
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena.
Si agradable descanso, paz serena
la muerte en traje de dolor envía,
señas da su desdén de cortesía:
más tiene de caricia que de pena.
¿Qué pretende el temor desacordado
de la que a rescatar piadosa viene
espíritu en miserias anudado?
Llegue rogada, pues mi bien previene;
hálleme agradecido, no asustado;
mi vida acabe, y mi vivir ordene.
La muerte, ese tema eterno con que algunos vienen a mostrarnos que nada es eterno. En las coplas a la muerte de su padre, Jorge Manrique nos presenta cómo todo y para todos tiene un fin.
Y pues vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
porque todo ha de pasar
por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir:
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
¡Cómo no iba a salir en este hilo Jorge Marique! Estaba tardando, pero gracias a Helena ha salido a relucir. Pues ya que hablamos de la murte y de Jorge Marique pongo esta canción del mismo. Un saludo.
No tardes, muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra contigo.
Remedio de alegre vida
no lo ay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida
que eres tú sola remedio.
Ven aquí, pues que ya me muero;
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
y con tu venida espero
no tener vida contigo.
Alois Boerges
02-may-2008, 23:21
Que gran iniciativa este "hilo". La verdad no conozco mucho de esta poesía, mejor dicho casi nada. Mi aporte es este pedacito que estraje de mi ejemplar de El Libro de Buen Amor, que no se si pertenezca a los clásicos españoles, aunque creo que si. El tomo que tengo es pequeñito, empastado de lujo y su edición data de 1939, una joya de coleccionistas. Lo leí entero en una oportunidad en que estuve pernoctando y cuidando en una finca varios meses. Su lenguaje arcaico me encantó, me transportó:
De cómo el arcipreste fue enamorado
77 Assy fue que un tienpo una dueña me prisso,
Del su amor non fuy ese tienpo rrepiso:
Siempre avía Della buena fabla e buen rriso,
Nunca al por mí fizo nin creo que fer quiso.
78 Era dueña en todo e de dueñas señora,
Non podía ser solo con ella una ora:
Muncho de ome se guardan ally do ella mora,
Más mucho que non guardan los judíos la Tora.
79 Sabe toda nobleza de oro e de seda,
Muy conplida de byenes anda manssa e leda.
Es de buenas costunbres, sosegada e queda:
Non se podrá vençer por pintada moneda.
80 Enbiél’ está cántiga, que es deyuso puesta,
Con la mi mensajera, que yo tenía enpuesta;
Dize verdat la fabla: que la dueña conpuesta,
Si non quiere el mandado, non da buena rrespuesta.
81 Dixo la dueña cuerda a la mi mensajera:
“Yo veyo muchas otras creer en ti parlera,
E fállanse mal ende: castigo en su manera,
Bien como la rraposa en agena mollera”.
J. R. Arcipreste de Hita, Libro de Buen Amor, Canto 77-81
77 priso. Tomó, cogió, prendió
rrepiso. Arrepentido
rriso. Risa, burla
80 deyuso. Debajo
enpuesta. enseñada, informada, impuesta
81 veyo. veo
¡Qué grande el Arcipreste de Hita! Sí señor, no nos habíamos acordado de él. Bueno, pues viendo el abandono en el que tenemos este gran hilo, aquí vuelvo a ponerlo en primera posición de nuevo. Volvemos fuertes, y enamorados, es decir, volvemos con Don Francisco.
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.
Voy a retomar este hilo de clásicos, aunque en épocas más cercanas a la nuestra que lo expuesto antriormente. En el día de senderismo más agotador de mis vacaciones, a mi acompañante se le ocurrió mencionar al bueno de Machado, y cierto es que no podía ser más oportuna la mención.
Mediaba el mes de julio.Era un hermoso día.
Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
buscando los recodos de sombra, lentamente.
A trechos me paraba para enjugar mi frente
y dar algún respiro al pecho jadeante;
o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante
y hacia la mano diestra vencido y apoyado
en un bastón, a quisa de pastoril cayado,
trepaba por los cerros que habitan las rapaces
aves de altura, hollando las hierbas montaraces
de fuerte olor -romero, tomillo, salvia, espliego-.
Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.
Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
cruzaba solitario el puro azul del cielo.
...
Nosotras nos encontrábamos en tierras segovianas en vez de sorianas, como era su caso, pero lo demás parece un calco.
Leí que por este foro había un enamorado de Quevedo.
Cuando me vuelvo atrás a ver los años
que han nevado la edad florida mía;
cuando miro las redes, los engaños
donde me vi algún día,
más me alegro de verme fuera dellos,
que un tiempo me pesó de padecellos.
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