PDA

Ver la Versión Completa : Cuentos


Aeneas
31-mar-2008, 16:28
Como estoy viendo, a lo largo del tiempo que llevo aquí, parece que nos gusta mucho eso de publicar en el foro nuestro relatos y poemas. Hay muchísimos relatos en el foro; relatos que, al fin y al cabo, son cuentos. Pues de eso va la canción de hoy, de cuentos. Para que el personal siga poniendo aquí sus relatos/cuentos he buscado un texto de la gran Ana María Matute, el cual, por la brillantez de su prosa y por la embriaguez de su magia, nos empujará más a escribir nuestros cuentos; sobre todo a mi que llevo una racha con la "seca" (como decía Delibes) que no os podéis imaginar.
Salve, y a disfrutar.

He llegado a creer que solamente existen media docena de cuentos. Pero los cuentos son viajeros
impenitentes. Las alas de los cuentos van más allá y más rápido de lo que lógicamente pueda creerse. Son los
pueblos, las aldeas, los que reciben a los cuentos. Por la noche, suavemente, y en invierno. Son como el
viento que se filtra, gimiendo, por las rendijas de las puertas. Que se cuela, hasta los huesos, con un
estremecimiento sutil y hondo. Hay, incluso, ciertos cuentos que casi obligan a abrigarse más, a arrebujarse
junto al fuego, con las manos escondidas y los ojos cerrados.
Los pueblos, digo, los reciben de noche. Desde hace miles de años que llegan a través de las montañas, y
duermen en las casas, en los rincones del granero, en el fuego. De paso, como peregrinos. Por eso son los
viejos, desvelados y nostálgicos, quienes los cuentan.
Los cuentos son renegados, vagabundos, con algo de la inconsciencia y crueldad infantil, con algo de su
misterio. Hacen llorar o reír, se olvidan de donde nacieron, se adaptan a los trajes y a las costumbres de allí
donde los reciben. Sí, realmente, no hay más de media docena de cuentos. Pero ¡cuántos hijos van dejándose
por el camino! [....]
El cuento es astuto. Se filtra en el vino, en las lenguas de las viejas, en las historias de los santos. Se vuelve
melodía torpe en la garganta de un caminante que bebe en la taberna y toca la bandurria. Se esconde en los
cruces de los caminos, en los cementerios, en la oscuridad de los pajares. El cuento se va, pero deja sus
huellas. Y aun las arrastra por el camino, como van ladrando los perros tras los carros, carretera adelante.
El cuento llega y se marcha por la noche, llevándose debajo de las alas la rara zozobra de los niños. A
escondidas, pegándose al frío y a las cunetas, va huyendo. A veces pícaro, o inocente, o cruel. O alegre, o
triste. Siempre, robando una nostalgia, con su viejo corazón de vagabundo.